Dicho así, a bocajarro, suena a pregunta de bastante enjundia.
La primera imagen, supongo que proveniente de la infancia, es la de un señor con barbas, fuerte, de aspecto patriarcal. Puedo imaginar que proviene de una intención de hacerlo entendible (¿puede Dios serlo?). Es una cuestión de fe pero también de razón, puesto que parece que debería haber una causa última, la causa primera aristotélica de todo.
Cuando se piensa en el mundo, de donde vengo, a donde voy, etc., a poco que se haga con seriedad, se llega a los inextricables conceptos de eternidad e infinitud. Dios es eso: la eternidad y la infinitud. Dos conceptos fácilmente definibles pero difícilmente entendibles. Por las distintas religiones se le añaden a ese Dios características de paternidad, el Sumo Bien, la verdad, la belleza, la justicia, omnipotencia y omnisciencia, etc. pero siempre se llega a aquellas no-limitaciones.
El credo quia absurdum sobre la existencia de Dios. La razón dice que todo lo que nos rodea no puede estar ahí por azar, alguien /algo lo tiene que haber creado y/o organizado. Sería absurdo lo contrario. Pero eso, y volvemos al principio, ¿qué es? Energía, fuerza vital, intelecto único neoplatónico de carácter panteístico, y Dios ¿somos todos?
Acaba Hawking su librito (el diminutivo se debe a su extensión, que no a su contenido) diciendo que si halláramos la respuesta al porqué existimos nosotros y el universo, sería el triunfo último de la razón humana, porque comprenderíamos la mente de Dios[1].
Donde sí que aplico en puridad el credo quia absurdum es en el premio/castigo post mortem. No parecería tener sentido el estar en este mundo sólo para la continuidad de la especie. El intelecto/alma/razón que nos da la responsabilidad del uso de nuestra libertad debe tener una continuidad. Es sorprendente la manera como lo expresa ya Pico de la Mirandola en su Discurso: “Podrás degenerar en los seres inferiores, que son los animales irracionales, o podrás regenerarte en los seres superiores, que son los divinos, según la voluntad de tu espíritu”[2]
[1] Brevísima historia del tiempo. Crítica, 2006, P. 182
[2] G. Pico de la Mirandola “Discurso sobre la dignidad del hombre”. Barcelona 2002, PPU. P.51